Cuando voy en mis pies nada me detiene, ni el tambaleo alcohólico, ni el frío casi polar, más latente antes de los pasos de Marty (como diría Talito) y las semafóricas luces de la ciudad.
Mientras respiro muy profundo y siento cada músculo en mis piernas, articulo pensamientos impensables y confundo las ideas con la visión borrosa de mi estado siempre inducido y el miedo de caminar en el desierto urbano a altas horas de la madrugada.
Nunca falta la nostalgia frente a la canción en la memoria o el lugar recién visitado, mientras intento ignorar al remoto personaje que recientemente dejó su estela.
A veces prendo un cigarrillo, a veces como golosinas, otras veces quisiera tanto tener mi música conmigo y no sé como se abre así un espacio para la planeación y la organización, para los proyectos, las ideas, la creación pura y fluida proveniente del mismo ser y, en definitiva, el arreglo del mundo, a veces hasta me río sola o descubro alguna que otra palabra a modo de sonido, que luego intento disimular con alguna tos o estornudo.
Me concentro y no descanso, me apuro y me tardo, saludo: Hola! - Hola! Como estas? Bien. Adiós.
No sé si será tan divertido en distintas condiciones, como cuando me preocupa el tiempo o como si alguien me acompañara, mmm…

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